MI AMIGO CON PRIVILEGIOS - Esposa Maravilla
17374
post-template-default,single,single-post,postid-17374,single-format-standard,bridge-core-1.0.5,woocommerce-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,columns-4,qode-theme-ver-21.4,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.5.2,vc_responsive

MI AMIGO CON PRIVILEGIOS

Todas hemos tenido en algún momento de nuestras vidas un amigo con privilegios, hoy tuve mi cita con él. Debo confesarles que por más encuentros que hayamos tenido siempre se siente como la primera vez y aunque hace mucho tiempo que no lo veía, nuestro vínculo permanece intacto.

Es una relación muy extraña ya que mi esposo, quien es de mente muy abierta, sabe todo, hasta le he contado las cosas que me hace cuando estoy con él. No digo que apruebe nuestra relación pero nunca me ha pedido dejarlo pues reconoce que el lazo que nos une es demasiado especial, de hecho, ha estado presente en los momentos más importantes de nuestra vida.

Ya saben de quien les hablo ¿Verdad? Qué bueno porque se trata de mi ginecólogo. Toda mujer puede comprender que la selección de este profesional de la salud no es naaaada fácil. Debe ser atento, comunicativo y muy delicado. Tiene que haber confianza ya que con él estamos al desnudo, literalmente.

Yo prefiero que sea hombre pero… no muy lindo, no me imagino estar en una situación tan embarazosa con un ginecólogo que se parezca a Brad Pitt o Chayanne ¡ME MUERO!

Pues les cuento que llegando la hora de la cita, ya en el cuarto de examen y cual policía que lee los derechos antes del arresto, la asistente me narra las instrucciones mientras me entrega una frágil batita de papel que me ordenó ponerme “abierta para atrás”. Yo, obediente y sumisa hice todo al pie de la letra y a “nalga pelá” me senté en la camilla a esperar al susodicho.

Pasaban los minutos y estar sentada en la camilla me parecía incómodo, así que me acuesto, luego vuelvo y me siento, pero en el cambia-cambia de posiciones aun no decido si esperarlo sentada y seria o acostada y sonriente, porque… ¿Y si piensa que soy muy fácil?

Y ahí estaba yo… Acostada… Mirando el techo y las bombillas fluorescentes… Completamente vulnerable… Pensando que las mujeres deberíamos poder escoger el ambiente del cuarto de examen, que se yo, algo como una luz más tenue y música relajante. ¡Es más! Pienso que deberíamos estar acompañadas por nuestra “doula” o partera para que nos dé masajitos y agarre nuestra mano en ese difícil momento.

Continuando en mi viaje de ketchup pienso en la pobrecita esposa del ginecólogo, me imagino que el hombre llega a su casa harto de ver tantas «cositas» en un día y no querrá ver mas ninguna…

El ruido de la puerta me sacó de súbito de mi fantasía y lo veo entrar rápidamente ¿A quién más? A mi amigo con privilegios. Mientras se ubica frente a su objetivo la asistente le va dando los guantes y todo lo necesario para su misión.

En el ínterin me sonríe y me pregunta cómo estoy, cómo estan mis hijos y mi esposo (ya les dije que somos amigos) y así, con esa felicidad me atraviesa con un frío aparato de pico de tucán y pronuncia las dulces palabras: “No te trinques”, «Relájate» y “Respira por la boca», lo observo con su linterna en la frente, luciendo mas concentrado que si estuviera en una expedición por las cavernas o buscando POKEMONS allá adentro.

Luego raspa, mueve, palpa y brega como gusto y gana le da mientras yo por otro lado haciendo 20,000 muecas y tratando de relajarme pienso: ¿Cómo rayos quiere que me relaje? ¡Claro! Como no es él al que le están invadiendo las entrañas.

Finalmente cuando terminó con la “totalidad” del asunto salgo sintiéndome rara y con nostalgia agridulce suspiro… ya lo peor ha pasado.

Dentro de poco llegaré a mi hogar donde unos brazos amorosos esperan por mí, para quien soy única y todavía se emociona cuando me la ve. Ese no necesita privilegios, ese lo tiene todo a su merced.

No Comments

Post A Comment